
El ojo rojo, el lagrimeo y la secreción pueden deberse a una infección o a otras causas, como una alergia. No siempre es posible saber el origen solo por los síntomas. Por eso, no conviene tratar una conjuntivitis como si fuera siempre la misma afección.
No uses infusiones caseras como lavados oculares
La versión anterior recomendaba introducir agua de pétalos de rosa, lechuga, aciano, manzanilla o eufrasia en el ojo. No uses esas preparaciones como colirio o lavado ocular: no aparecen entre las medidas recomendadas por las fuentes sanitarias enlazadas. Para aliviar molestias leves, el CDC menciona compresas frías y lágrimas artificiales. El NHS aconseja limpiar suavemente las pestañas con agua limpia previamente hervida y enfriada, usando un algodón distinto para cada ojo.
Evita contagios y suspende las lentillas
Lávate las manos con frecuencia, no compartas toallas y evita frotarte los ojos. Si tienes síntomas, deja de usar lentes de contacto hasta que hayan desaparecido o un profesional te indique que puedes volver a llevarlas.
Cuándo buscar atención médica
Pide atención médica si tienes dolor ocular, sensibilidad a la luz, visión borrosa que no mejora al limpiar la secreción, enrojecimiento intenso o síntomas que empeoran o no mejoran. Un recién nacido con síntomas debe recibir valoración inmediata. El tratamiento depende de la causa; los antibióticos no sirven para una conjuntivitis vírica.
Esta información general no permite diagnosticar el ojo rojo ni sustituye la valoración de un profesional sanitario.





