
La mantequilla es un producto lácteo que se utiliza para untar, cocinar y elaborar masas. Puede aportar cremosidad y sabor, pero no es un remedio ni un alimento que, por sí solo, fortalezca las defensas, mejore la vista o ayude a fijar el calcio. Tampoco hay una cantidad universal de 10 gramos al día aplicable a todo el mundo.
Mantequilla con sal o sin sal
La mantequilla con sal añade sabor directamente a tostadas, verduras, patatas o salsas. La variedad sin sal facilita ajustar la sal de una receta y suele ser práctica en repostería, donde interesa controlar mejor el resultado. La composición cambia según el producto: consulta el envase si necesitas conocer la cantidad de sal, grasas saturadas u otros nutrientes.
Ideas sencillas para usarla
- Unta una capa fina sobre pan tostado y acompáñalo con tomate, hierbas o una mermelada.
- Añade un poco al final de la cocción de verduras, pasta o legumbres para aportar sabor.
- Empléala en masas, galletas y bizcochos siguiendo las cantidades de la receta; sustituirla por otro tipo de grasa puede cambiar la textura.
- Para una salsa rápida, mézclala fuera del fuego con hierbas picadas y úsala en una pequeña cantidad sobre patatas o verduras.
Consumo y conservación
La mantequilla contiene grasas saturadas. La Organización Mundial de la Salud recomienda que la mayor parte de las grasas de la alimentación sean insaturadas y limitar las saturadas dentro del conjunto de la dieta; la recomendación no se traduce en una porción fija de mantequilla igual para todas las personas. Si tienes una indicación dietética por colesterol u otra condición, sigue el consejo de tu profesional sanitario.
Guárdala tapada y sigue las instrucciones de conservación y la fecha indicadas en el envase. La AESAN recomienda conservar en el frigorífico las grasas sólidas como la mantequilla, protegidas para evitar que se deterioren o absorban olores.
Fuentes
- Organización Mundial de la Salud: guía sobre grasas saturadas y trans (2023).
- AESAN: higiene y conservación de los alimentos.





