
La psoriasis es una enfermedad crónica mediada por el sistema inmunitario; no es contagiosa. Puede causar placas secas, escamas, picor o grietas. La valoración sanitaria permite distinguirla de otras afecciones y escoger el tratamiento según el tipo, la extensión y la zona afectada.
Cuidados suaves para la piel
Para reducir la sequedad, usa agua templada en duchas o baños breves, un limpiador suave y seca la piel con toques, sin frotar. Al salir, aplica una crema o pomada hidratante sin perfume mientras la piel aún está algo húmeda. Evita los exfoliantes y rascar o arrancar las escamas: la irritación o las lesiones pueden empeorar los brotes.
Los remedios caseros no sustituyen el tratamiento
La evidencia sobre muchas terapias complementarias es escasa y su seguridad no siempre se conoce bien. Por eso, no presentes como tratamientos las infusiones tradicionales de pie de león, caléndula, limón, zarzaparrilla o bardana, ni los masajes con aceites de germen de trigo o ricino. Algunos productos pueden irritar la piel. No suspendas ni cambies un tratamiento pautado sin consultarlo. Un dermatólogo puede recomendar el cuidado apropiado.
Cuándo pedir ayuda
Consulta si crees que tienes psoriasis, si el tratamiento no funciona o causa efectos adversos, o si aparecen dolor, hinchazón o rigidez persistentes en las articulaciones. Busca atención urgente si la piel se enrojece rápidamente y aparecen muchas pústulas con pus, especialmente con fiebre o escalofríos.
Más información: NIAMS: síntomas y causas de la psoriasis, Academia Estadounidense de Dermatología: baños y cuidado de la piel y NHS: psoriasis, tratamiento y señales para pedir ayuda.





