La escarola tiene hojas crujientes y un punto amargo que combina bien con ingredientes dulces, ácidos y tostados. Se puede servir cruda en ensalada o cocinar en salteados, sopas y guisos.
Cómo limpiarla y prepararla
Retira las hojas exteriores dañadas y separa las demás. Lávalas bajo el grifo, escúrrelas y sécalas bien; así el aliño se adhiere mejor y la ensalada queda más agradable. Corta la base si está dura y trocea las hojas al tamaño que prefieras.
Ideas para comer escarola cruda
Para equilibrar su sabor, mézclala con naranja o manzana, legumbres cocidas, frutos secos o queso. Añade el aliño justo antes de servir: por ejemplo, aceite de oliva, vinagre o zumo de limón y una pizca de sal. También puedes incorporarla a un bocadillo o acompañar con ella otros platos.
También queda bien cocinada
Prueba a saltearla unos minutos con ajo y aceite, añadirla a una sopa de verduras o incorporarla al final de un guiso de legumbres. El calor suaviza su amargor; evita cocinarla demasiado si quieres conservar algo de textura.
Conservación
Guarda la escarola sin lavar en el frigorífico, dentro de una bolsa o recipiente que permita cierta ventilación. Lávalas hojas cuando vayas a utilizarlas y retira las que se hayan estropeado.
La escarola es un alimento que puedes incluir en una alimentación variada. No previene ni trata por sí sola el colesterol, la hipertensión, la anemia, los problemas de circulación o las alteraciones de la vista.





